Sin título aún

Hace ya un tiempo que me ronda en la cabeza la idea de escribir todo aquello que se me pase por la cabeza. Incluidas mis frustraciones o logros pasados. Y este será el comienzo de ello. No sé cuántas de estas entradas haré, o si siquiera haré más, pero aquí va la primera.

Normalmente, mientras friego los cacharros, me gusta o bien escuchar música y cantar a pleno pulmón, o bien escuchar los “monólogos” que de vez en cuando se planta alguien de la comunidad Corea.

Hoy fue lo segundo, con @objetivocorea. Concretamente con el segundo vídeo de su canal de Youtube. Véase que está muchísimo más activa en Instagram o Twitter. Pues me dije de verlo (por fin) y, según la iba escuchando, iba haciendo una retrospectiva de mí misma en mi cabeza. Mi propio monólogo.

No es que me inspirara este vídeo en las ideas que ahora os contaré, pero sí que me motivó a contarlas aquí desde mi propia historia. Y es que siempre estás a tiempo de cambiar las cosas, si es que quieres de verdad que cambien. Puede que sea difícil, que vayas a tardar un tiempo, que se te haga lento, que necesites apoyo…pero todo eso se puede conseguir. Échale dedicación, échale morro y ganas y algo sacarás de ello. Como siempre digo yo: “El NO ya lo tienes, ve a por el SÍ”.

En mi caso, me llevó un tiempo darme cuenta de ello. A grosso modo: fui mamá con 22 años porque lo quise así, perdí un trabajo por ello, se me quitaron oportunidades por ello, incluso teniéndolas se me volvieron a quitar por lo mismo…Esto en el plano laboral. Académicamente, si me quería seguir formando tenía (y tengo) que buscar ayuda de la familia para que se quedaran con los peques mientras yo dedicaba unas horas a estudiar algo. Cosa que me hacía (y hace) sentir culpable por tener que pedir su tiempo para mí. Nunca me ha gustado pedir favores. Qué le voy a hacer.

Además, si tú también eres mamá -sobre todo de más de uno- lo sabrás muy bien, el cansancio que lleva consigo criar hijos sólo se puede sentir cuando se tiene un hijo y se cría. Ya no es agotamiento físico, sino mental, que conlleva a agotamiento físico. (Por no hablar de los cambios físicos tras los embarazos, que eso ya es otro tema). Hay momentos en los que me he sentido tan saturada que sentía que iba a explotar. No poder controlar mis sentimientos de ira, tristeza, rabia, cansancio, que todos estuvieran hechos una bola y, finalmente, sentirme la peor madre. Que otra lo haría mejor.

Pero llegó un día. Ese día en el que te ilumina algo. Ese algo para mí fue @lavecinacoreana. Mi sueño, que daba por perdido por haber sido madre, era poder trabajar en el ámbito del coreano, porque me apasionaba de hace tiempo. Incluso aprendí a leer por mi cuenta. Al poco tiempo de empezar a seguirla por Instagram, sacó por primera vez clases de coreano. ¡Y eran en Madrid! No quería perder esa oportunidad, así que hice acopio de cierto egoísmo (así es como lo sentí), pedí un favor a mis padres, otro tanto a mi marido (al fin y al cabo cuestan dinero y hay que hacer cuentas a fin de mes) y me apunté. Con toda la ilusión del mundo iba a comenzar a asistir a clases de coreano de forma oficial.

No creas que eso hizo que me sintiera ya bien totalmente. Qué va. Acuérdate que me sigue sin gustar pedir favores. Y tenía que pedirlo cada semana, una tarde al día. Algunas veces, si había un evento, más. Tampoco nos olvidemos del confinamiento querido, que no hizo más que empeorar la bola de sentimientos que ya traía de antes. Al menos, cuando salía a tomar las clases podía tener un rato en el transporte para mí solita. Pero estando en casa 24/7, no. No podía respirar. Pero no por coronavirus, eh. Por agobio, ansiedad.

Voy mejor, creo que sí.

Lo que quiero decir con todo esto es que una cosa es caer en un charco de barro, y otra quedarte en él. ¿Sabes que puedes levantarte, quitarte la ropa sucia, ducharte y ponerte ropa limpia? Puedes. Puedes cambiar las cosas, si es que quieres.

Y yo no voy a dejar que la etiqueta “MAMÁ” me tire para atrás más. De hecho, la usaré como parte de mi motivación. La otra parte, soy yo. Nada más que yo, como persona.

Si estás metido en un charco, sólo espero que sepas que puedes salir por ti mismo, no necesitas una mano que te saque. Apoya las tuyas en el barro e impúlsate hacia arriba.

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